miércoles, 25 de marzo de 2020

Tomáš Rosický


Cuando estuvo sano y en plenitud, pocas veces vi un jugador tan perfecto como Tomáš Rosický. Su habilidad natural para leer el juego le convirtieron en un jugador temible para sus adversarios. Un jugador de aquellos, dotado con una varita mágica y un toque exquisito, una fantástica pegada a media distancia y sangre fría para definir en los últimos metros. Eso era Tomáš Rosický, un talentoso mediocampista que deslumbraba por su soltura y capacidad, características que lo hacían un jugador de élite técnicamente hablado.

Este talento al que hago mención no estaba exento de liderazgo, ya que desde muy temprana edad ejerció el rol de figura en su equipo nacional, aquella hermosa selección de República Checa a la que siempre le falto medio para el peso. Jugó cuatro Eurocopas, destacando en la de 2004, edición donde los checos fueron semifinalistas. También tuvo la oportunidad de jugar un Mundial, el de Alemania 2006, torneo donde le marcaría un doblete a Estados Unidos.

Como dije, era una hermosa selección aquella, conformada por jugadores de gran calidad y jerarquía como Nevded, Poborsky o Koller, más su generación, a veces poco mediática, pero que siempre fueron titulares inamovibles en equipos importantes, como Petr Cech, Baros, Ujfalusi, Plasil, Grygera, Jankulovski, etcétera.

La mala fortuna y las lesiones le cortaron las alas en su mejor momento y nos arrebataron la chance de verlo con continuidad. Sin embargo, Arsene Wenger lo respaldó siempre. Todos sabemos que a ese Arsenal lo único que le faltó fue un titulo para validar el excelso juego que desarrollaban sobre el campo. Y de ese equipo fue parte el pequeño Mozart, como le decían, un artista que siguió dando muestras de su talento hasta donde el físico le permitió, despidiéndose de los Gunners casi diez años después de su arribo del Borrusia Dortmund.

Tomáš Rosický, un jugador del ayer.




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