Fue un jugador hábil y de buen pie, integrante de una generación dorada para el fútbol de su país. Jugó en los dos grandes de Croacia, el Dinamo Zagreb y el Hadjuk Split para después pasar a Inglaterra, donde pasó gran parte de su carrera profesional y donde conocería a quién sería su mentor en suelo británico, Harry Redknapp.
Bajo las ordenes de Redknapp, Kranjčar se convertiría en un fijo del Portsmouth, ganando la FA Cup en el 2008, todo un hito para el equipo, y siendo titular en la final contra el Cardiff. Ese mismo año terminarían en un agraciado 8vo lugar en la Premier, a solo tres puntos de las competiciones europeas.
En el invierno del 2009 Redknapp se lo llevaría al Tottenham, formando parte de aquel gran equipo con sus compatriotas Modric y Corluka, además de Aaron Lennon, Keane, Pavlyuchenko, Defoe, Crouch, Van der Vaart y, cómo no, Gareth Bale. Precisamente el impresionante nivel mostrado por el galés le iría quitando cada vez más protagonismo al croata, relegándolo al banquillo en más de una ocasión.
Sin duda el mejor Niko Kranjčar se vio en su selección. Debutó de la mano de su padre, Zlatko, y a la postre se convirtió en un titular indiscutible bajo las ordenes de Slaven Bilic. En la selección Niko siempre jugó en su rol natural, de enganche. Él era un diez de aquellos, y le supieron sacar provecho. Sus 1,85 de estatura no lo hacían quizás el jugador más veloz sobre la cancha, pero su rapidez mental era caso aparte. Su visión y su magnifica pegada hablaban por sí solas.
Jugó dos Eurocopas, la del 2008 y 2012 y el Mundial de Alemania 2006, ausentándose de Brasil 2014 por una lesión. Serían las lesiones las que progresivamente irían apagando su carrera, en otrora de perspectivas brillantes. Sin embargo, cuando la salud estuvo de su lado, fue una carta fundamental del medio campo croata y uno de los capitanes de aquella generación brillante que mezclaba la veterinaria de los hermanos Kovac, Simunic, Olic o Srna con la juventud radiante de Modric, Rakitic, Petric y largo etcetera. Sin duda un equipazo que curiosamente nunca llegaría a concretar nada, pero que dejaría las bases para la Croacia subcampeona del mundo en Rusia 2018.
Niko Kranjčar, un jugador del ayer.

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